
Comisariado: Vanessa Gallardo
Lugar: Santo Domingo de la Cruz
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Esta propuesta expositiva incluye cuarenta piezas del artista y abarca un estudio en torno a la importancia de la música en la obra de Venancio Blanco y su relación con el espacio, el color y la abstracción. Tal como explica la comisaria de la muestra, “en la obra de Venancio Blanco podemos percibir esta relación entre la creación y lo intangible a través de la música”.
Sus piezas se despliegan en planos que fugan, silencios que se sostienen y se apoyan en los vacíos de sus bronces. O colores que aluden, de manera sinestésica, al cante hondo, a sinfonías o a melodías que parecen resonar entre pasado y presente. Obras que se construyen desde el gesto, el color y la materia, donde cada forma y superficie adquiere un pulso propio y un ritmo interno.
Del mismo modo que una partitura de Beethoven alberga un lenguaje codificado musical —un dibujo de resonancias y silencios—, las piezas de Venancio cobijan las notas de color y abstracción de todas aquellas melodías que acompañaban sus tardes de creación en el estudio y que, seguramente, seguían resonando en su mente mientras dibujaba la dehesa o garabateaba sus marchitas flores. Cada pátina, cada resto de mortero, parece guardar en la memoria la tensión de una pausa o la cadencia de una sinfonía suspendida.
Además de la exposición, los visitantes podrán recorrer los jardines de Santo Domingo y disfrutar al aire libre de la colección permanente de la Fundación Venancio Blanco que, desde hoy, cuenta con tres nuevas esculturas realizadas en bronce: Pastor (1987), Jugando en el mar (1992) y Bailaora romana (1996).